lunes, 9 de febrero de 2015

La editorial universitaria y los desafíos del presente: el libro digital y la difusión del conocimiento


Por José Castilho Marques Neto

Podría abordar este tema por varios ángulos, inclusive los más técnicos incluyendo aquí un punto de vista acerca de los nuevos medios, absolutamente necesarios en nuestra cotidianidad como editores universitarios. Prefiero abordar por medio de una parte de nuestro trabajo: la administración de las relaciones del creador del texto científico o literario con la maquina editorial que hará de aquel a ser con derechos de autor para la sociedad. Porque, al final, cualquiera que sea el soporte utilizado, lo que de hecho importa es la publicación de un autor y la búsqueda del lector. Esto envuelve leyes, derechos, deberes, principalmente en un universo que está en transformación constante de los copy rigths, con la introducción de nuevos modelos como el copy left y otras formas de control de los derechos de autor que buscan garantizar más democráticamente la accesibilidad del público lector a los escritos buenos y culturales. Es intensa y viva esta polémica de nuestros días, pero trataré de abordar en está exposición algo que considero fundamental para nuestra labor en cuanto editores académicos, esto porque además va más allá de nuestras editoriales, alcanzando las instituciones. Me encantaría traer a la reflexión de este Congreso algunos puntos que ya comenzamos a enfrentar en el Brasil, pero que ya se constituye como un factor importante en la vida de las universidades referenciales de países más desarrollados, como la literatura que hemos tenido acceso. La universidad, de manera general y en todas las partes del mundo occidental, afronta hace algunos años los desafíos de un modelo de convalidación de sus docentes e investigadores que, aparentemente, da cuenta de la calidad de sus trabajadores intelectuales y de los productos académicos que son producidos por ellos. Por razones diversas, principalmente por presiones sociales de cualquier orden, pero también vagamente inspirado en una “racionalidad científica”, vivimos el mundo perverso de el “publish or perish”. En este mundo, la cantidad de trabajos publicados por un profesor se torna más importante de la calidad de lo que se publica. Cálculos aritméticos se colocan por encima del debate crítico entre colegas, y la exigencia de publicar, así sea que no hayamos llegado a resultados académicamente interesantes, se pone encima del propio valor del libro en cuanto objeto que puede transformar e influir para que lo nuevo aparezca y renueve el conocimiento o así mismo la buena revisión del conocimiento ya producido. Este insólito ambiente de trabajo intelectual crea, entre otras innumerables formas de presión entre los colegas, una especialmente tensión entre el autor/profesor y el editor universitario/ profesor. La situación entre los colegas ya avanzó a tal punto que la Editorial Universitaria y sus directivos muchas veces son considerados responsables para determinar, o al menos ser parte activa y fundamental, para “clasificar” los profesionales/colegas como productivos o improductivos. Esta cuestión es hoy la principal dificultad en la relación autor / editorial académica. De ser socios del autor en la construcción de un buen texto, pasamos a ser el obstáculo o el facilitador de su ascensión profesional. Uno de los argumentos que surgen en este debate viene del profesor de letras y editor de Humanidades de Harvard University Press, Dr. Lindsay Waters. En su libro “Enemigos de la Esperanza- publicar, perecer y el eclipse de la erudición” (Enemies of promisse: publishing, perishing and the eclipse of scholarship), al examinar principalmente el marco de las Humanidades, él argumenta que en poco tiempo las editoriales responsables por la diseminación del texto científico y académico publicaron cada vez menos libros y el sistema de publicaciones que conocemos hoy está en vías de desaparecer. El argumento, aparentemente sin esperanzas, mira el gran problema que el sistema de publish or perish implica: la contradicción generada en el sistema editorial universitario por un inmenso volumen de textos deseosos por publicación, son sus respectivos autores igualmente ávidos por mantener sus puestos de trabajo o ascender a puestos superiores en la universidad. Segundo Waters esta situación de “abundancia de oferta” trae tres grandes consecuencias igualmente temerarias:
1) obliga a las editoriales académicas a publicar textos que no tienen mercado suficiente de lectores, sobrecargando además la medida de sustentación financiera de esas casas editoriales.
2) la inmensa cantidad de títulos que las editoriales se ven obligadas a publicar impiden objetivamente la selección de calidad, comprometiendo catálogos construidos con el rigor científico que se requiere de una editorial universitaria.
3) publicar en masa y de manera indiscriminada provoca la falencia del sistema de informaciones científicas y académicas.
Aunque los argumentos para afirmar o rechazar a la reflexión provocadora de Waters sean muy diversos e interesantes, como la hipótesis de la preponderancia del sector administrativo sobre el académico en las universidades, trataré de comentar apenas los dos primeros puntos citados por él. La sustentabilidad económica de las editoriales universitarias sin fines de lucro es hoy uno de los factores preponderantes que pueden definir la permanencia o clausura de las casa editoriales de las universidades brasileras y latinoamericanas. Creo que esta situación es la misma en muchos países. Datos evidentes de la decadencia económica de las editoriales académicas pueden ser constatados en el propio Waters, cuando cita que en los últimos 30 años la base de las ventas medias de un libro de humanidades era de 1.250 ejemplares contra los 275 de hoy en día. Otra información interesante viene de la conferencia en el I Foro de Guadalajara, México, en que Peter Givler, de la Asociación Estadunidense de Editoriales Universitarias – AAUP -, nos informó que las editoriales académicas norteamericanas producen el 10% del total de libros publicados en los Estados Unidos, pero las ventas sumadas en 450 millones de dólares representan “alrededor de 1.7% del total recaudado en dicho país por venta”. En España, las editoriales universitarias mantienen 6 a 7% del volumen de títulos publicados para el 1% de ventas. "El costo de cometer errores no es un término especificado en los informes de ganancias,sino una realidad básica en el mundo del libro y las instituciones. " así de manera directa, el brillante crítico mexicano Gabriel Zaid, nos representa el mundo real en donde la cuestión financiera siempre viene acompañada del punto siguiente citado por Waters – la obligación de publicar más cantidades crea obstáculos en la evaluación de la calidad. Para delimitar la crítica de Waters vamos a citarlo: “No estoy diciendo que no haya buenas publicaciones – eso está muy lejos del caso -, pero lo que esas buenas publicaciones tienen de bueno se pierde en medio de tantas producciones que son apenas competentes y hay muchas más que no son ni eso.” La experiencia que acumulé en 23 años de adición universitaria en el Brasil y en la observación de otros países, es que existe hoy en día una enorme presión para que publiquemos en cantidad, que tengamos índices de venta y rentabilidad comparativos con las editoriales construidas con finalidades de tener lucros, que tengamos el igual poder de seducción de los best-sellers, con la presencia de nuestros títulos académicos distribuidos en todas las librerías y supermercados del país. Independientemente de cuales sean las causas, aquellas apuntadas por Waters o no, los números y las cantidades están siendo exigido en decaimiento de la calidad – producir en la universidad se está transformando en producir mucho. Y esto afecta directamente nuestra relación de muchos profesionales académicos, como si este fuese un trabajo de la editorial de la universidad
  
Es en ese contexto de presiones por publicar y de debilidades en la producción del conocimiento en nuestras universidades es que la “textualidad electrónica”, como bien denomina Roger Chartier, comienza a ser apuntada como una solución mágica para la proliferación de autores y textos. El surgimiento de los libros digitales se cruza, en este cuadro de la historia de las editoriales universitarias, como un camino fácil de ser pisado en la difusión del conocimiento y solución para los problemas apuntados parcialmente en las afirmaciones anteriores. Las soluciones sobre si publicar digitalmente son innumerables y los vendedores de software y de e-readers ya comenzaron a disputar ferozmente el mercado de editoriales y librerías. Entre las previsiones apocalípticas del fin del libro impreso en papel y el libro digital como la solución que resuelve todos los problemas de la difusión del conocimiento, hay de todo, pero sobresalen pocas realidades y convicciones. Entre algunas de las convicciones que extraemos de esa situación angustiante de gran movimiento e inestabilidad en el sector editorial, resalto y la que me parece fundamental para la propia manutención del que debe ser la esencia de toda editorial universitaria: la absoluta necesidad de defender únicamente la calidad del contenido de los libros editados por las editoriales universitarias sean estos impresos o digitales. Entiendo que cambiar el precio en relación de los editores con los autores y defender la calidad pasa también por comprender en que contexto nosotros trabajamos como editores, sea desde el punto de vista político-institucional, sea desde vista de las nuevas posibilidades tecnológicas que se abren para el mundo de las editoriales. Algunas breves consideraciones sobre el tema y un camino posible La “aceleración contemporánea”, concepto elaborado por el profesor y geógrafo brasilero Milton Santos al describir el ritmo acelerado y continuo de los grandes cambios del mundo contemporáneo, nos impone constantes desafíos, proporcionales a las grandes y significativas transformaciones por las cuales pasa la humanidad. La consolidación de un sistema-mundo, la incorporación de sociedades y territorios jamás vista en la historia del hombre sólo se volverán posibles, todavía, por los avances tecnológicos que unificaran sistemas técnicos hasta aquí dispersos o crearan nuevos sistemas innovadores. En gran escala y con otra dimensión y cobertura, la revolución provocada por el aparecimiento del libro de la era Gutenberg, marcada por la agilización del proceso de circulación del formato manuscrito, y que transformo la circulación del conocimiento y la apropiación de culturas durante los últimos quinientos años, hoy parece tímida delante los desafíos de la “textualidad electrónica”, en la terminología de Roger Chartier al referirse a la revolución de la informática aplicada a los textos y libros. La combinación de los avances en el área de la informática con conocimientos, infraestructuras y equipamientos producidos en el campo de las telecomunicaciones (con énfasis por la utilización de satélites) ofreció al mundo actual una multiplicidad de nuevos medios de difusión de informaciones, ideas, conocimientos y valores, notablemente en las formas del lenguaje mediáticos que, casi en tiempo real, muestran imágenes e informaciones escritas y habladas con tremendo alcance espacial y social. Pero, ciertamente, la gran característica de nuestro tiempo es la rapidez con que se difunde lo nuevo (o apenas las novedades). Aliada a una multiplicidad sin precedentes de los tipos de lenguajes disponibles para la sociedad contemporánea, la rapidez de lo nuevo amplía de manera asustadora la convivencia hiperactiva con un fenómeno que ya se anunciaba temerario en la era de Gutenberg – “la domesticación de la abundancia” (nuevamente Chartier), diagnosticada por el inmenso número de obras, autores y libros que pasaron a ser publicados en escala industrial. La producción editorial brasilera ya incorporó tecnología suficiente para hacer frente a esta “nueva abundancia” y, aunque está particularmente enfocada en los intereses empresariales y de mercado, no hay como huir de la realidad apuntada mundialmente por los historiadores y analistas del libro y de la lectura: el mundo de hoy detiene de manera irresistible nuevas formas de difusión del conocimiento, de la información y del entretenimiento mismo cuando tratamos de soporte tradicional hasta aquí llamado libro. Ene l ámbito académico, en su sentido estricto, y en el ámbito intelectual, en el sentido más amplio de ese termino, la multiplicación de revistas científicas electrónicas fue, sin duda, el hecho que más directamente demostró ese conjunto de cambios. La controversia interpuesta por los cortesanos del catastrofismo en los años 90 del siglopasado y que aún tiene seguidores, predijo la desaparición del libroimpreso en papel y el deterioro de las habilidades de lectura en un cortoespacio de tiempo. El futuro del libro se volvió incierto, y junto con este pronósticosombrío se sugiere, más recientemente, la futura extinción de la profesión deeditor, a medida que el avance tecnológico transforme a cada autor en editor.
La perspectiva de una Babel de letras se colocaba en el horizonte. Creo que hoy en día podemos afirmar que ya comenzamos a ultrapasar la fase del entusiasmo del marketing de las grandes corporaciones de informática. En el vértice de los debates sobre el futuro del libro y de las nuevas tecnologías, despunta, emblemática y permanentemente, la idea definidora de contenido, entendido como la necesidad metódica de buscar la calidad de los textos que serán ofrecidos a los lectores contemporáneos y futuros, independientemente si son libros científicos o de simple placer y entretenimiento. Al considerar el impacto tecnológico de los tiempos actuales y, al mismo tiempo, redimensionar el debate, se apunta, principalmente en el libro académico, fruto de la reflexión científica, por lo que siempre fue y siempre será el determinante del conocimiento que va a ser transmitido: la calidad del contenido. Esa calidad es determinada, al mínimo, por algunas de esas características: originalidad de la investigación, contribución teórica única e innovadora, innovación tecnológica e instauración de una metodología original. En un mundo del conocimiento y de la información, impregnado por la convivencia no siempre amigable entre el texto impreso y lo virtual, el problema más grave que la editorial enfrenta es de cómo evaluar y administrar contenidos. Esta actitud será central en la determinación de las relaciones que autores y editores deben tener en la universidad. Y será definidor para marcar positiva o negativamente la actuación de las editoriales universitarias. Como lidiar, en la practica cotidiana, con la evaluación de los libros producidos por los investigadores universitarios? Como responder, igualmente, a la creciente demanda por publicaciones de nuestros docentes presionados por la necesidad de editar sus trabajos? En la visión de mi universidad, la UNESP, concebimos una Editorial Universitaria que vive esencialmente por la evaluación de contenidos producidos o no por la propia UNESP. La relación que ella establece con los autores, profesores e investigadores de la comunidad académica es de permanente evaluación de la calidad intelectual de los trabajos presentados a la edición. La Editorial no tiene la misión de publicar a cualquier costo lo que se produce en la investigación de la UNESP pero, seguramente, tiene la función de publicar lo que la Universidad produce mejor, en la óptica de evaluación de sus consultores externos a nuestro cuerpo docente y también de un Concejo Editorial múltiple y de alta formación científica. Por ello, como cualquier otra editorial académica que lleva su oficio con seriedad, no establecemos esos criterios con el objetivo de cumplir requisitos de las instituciones financiadoras, pero si de crear una categoría que sea rigurosamente universitaria, pluralista, que contribuya a la ciencia y para la comprensión de los fenómenos (sociales, políticos, económicos, naturales etc) del mundo contemporáneo. Con el énfasis en la calidad al publicar, y así “domesticar la abundancia”, se cumple cotidianamente la función de editar, no sólo de imprimir trabajos de investigación que llegan abundantemente a la Editorial. Una editorial con criterios de calidad, con apertura para volcar esos criterios públicos y abiertos a cualquier examen externo al que la universidad es, en última instancia, certificadora de calidad de trabajos académicamente innovadores. Es evidente que debe haber un perfecto entendimiento entre la editorial, los directivos de la universidad y el cuerpo de profesores e investigadores para que ese pacto sea respetado. Roto una sola vez, el criterio no resiste las presiones apuntadas por Waters o por otras presiones todavía más indignas de una universidad comprometida con la enseñanza y la investigación. Hay, entretanto, un obstáculo poderoso en esas reflexiones y en la práctica de ellas. Convivimos en la edición tradicional con la imposición de costos de preparación de originales, la necesidad de la existencia de un número mínimo de compradores y de una determinada capacidad operacional envolviendo todas las fases de una edición clásica en soporte de papel. Sin finalidad de lucro, la editorial académica en el Brasil necesita, en tanto, mantenerse en la mayor parte de sus costos. Esa necesidad impone determinadas actitudes. Entre dos propuestas de publicación del mismo nivel de calidad académica, optamos siempre en publicar aquella que entendemos tendrá un número mayor de lectores potenciales, por tanto, con mayor valor comercial. Siendo asimismo una editorial académica no conseguimos soportar el costo de un texto en libro tradicional apenas por el criterio del merito, y entonces nos sometemos a las reglas del mercado para decidir sobre un número “x” de publicaciones anuales que nos garanticen un aporte financiero suficiente para que continuemos publicando. Esta practica, que no es apenas nuestra, no sería un problema se para aquel texto rechazado, no por su calidad académica, pero por su pequeña posibilidad de ventas, fueses destinado un lugar de reconocimiento y de divulgación adecuado. Considerando esas reflexiones, las próximas preguntas que se imponen, al evaluarnos el futuro del libro en la universidad son las siguientes: el criterio de calidad presupone también una demanda comercial? La universidad debe obligatoriamente editar en el método tradicional todos los trabajos considerados de calidad, independientemente del costo y del número de lectores que se interesan en comprar aquel trabajo? Pienso que no, y que si nos mantenemos estrictos con las reglas actuales, podríamos entrar definitivamente en un mundo equivocado en la edición y en la evaluación de los libros, que olvida, inclusive, de las conquistas tecnológicas en el mundo editorial que abordamos en el inicio de este texto. Buscamos hoy en el Brasil la ampliación del concepto de que el libro o publicación académica y estamos haciendo eso junto a nuestros autores y las instituciones que fomentan la investigación. Consideremos, principalmente, las nuevas textualidades electrónicas y sus tecnologías para hacer divulgación científica, todos más soportables económicamente. Esta apertura se justifica, además de las ya presentadas por, por lo menos, más tres factores: · En un mundo globalizado, la adopción de formas de difusión y comunicación variadas y completas inserta diferentes actores sociales en un ámbito más amplio de los acontecimientos y del debate. Si los nuevos sistemas técnico-científico-informacionales fueran pensados y estructurados por los actores hegemónicos de potencias económicas multinacionales, no está demás recordar que estos mismos sistemas pueden y están siendo apropiados por otros diferentes actores (movimientos sociales, organizaciones no gubernamentales, gobiernos de países que ocupan posición dependiente en este sistema-mundo etc). · Las nuevas tecnologías son más agiles y, después de las inversiones iniciales más pesadas para la adquisición de infraestructuras y equipamientos, ofrecen costos más bajos para la difusión de informaciones y conocimientos, volviéndose posible, al mismo tiempo una distribución más amplia espacialmente y más rápida de aquello que se pretende difundir. · En un país capitalista, industrializado, pero de económica dependiente como el Brasil, en que las inversiones en ciencia y tecnología han sido más tímidas de las realizadas por otros países que ocupan la misma posición, es necesario adoptar medidas para compensar las diferencias y recuperar las perdidas ocurridas en las últimas décadas. La adopción de nuevas tecnologías, pensadas de forma consecuente, pueden favorecer la ampliación de las oportunidades de acceso al conocimiento aquellos segmentos de menor poder adquisitivo y con un grado bastante precario de inclusión social. En el Brasil tenemos una primera experiencia pionera: la Fundación Editorial de la UNESP inicio, junto con la Pro-rectoría de Post-grado de la UNESP, un programa innovador y que atiende a ese nuevo desafío, al mismo tiempo en que sirve como un optimo laboratorio que busca soluciones para los nuevos desafíos del presente mundo editorial. Presentado al público en el 12 de marzo del 2010, el programa de publicación de libros digitales en primera edición, fruto de investigaciones de docentes de la UNESP. Lanzó 44 títulos nuevos para descargar gratuitamente. Editado con todos los cuidados de un libro impreso en papel, en 3 meses la medida de los libros consumidos fue de 751 ejemplares por título, casi el total de 1.000 ejemplares que la Editorial UNESP acostumbra comercializar con los títulos similares en un periodo de 2 años. La experiencia, ya exitosa, continuará durante este año y hasta noviembre serán lanzados 58 títulos más. Paralelamente la Editorial UNESP está analizando los resultados en conjunto con un grupo de estudios de políticas públicas de la USP, garantizando la neutralidad e imparcialidad en el análisis de los resultados obtenidos. El acceso es en el sitio http://www.editoraunesp.com.br/ haciendo clic en “PROPG DIGITAL”. Como editorial universitaria, necesitamos tomar posición delante de los desafíos impuestos por los nuevos tiempos, pero siempre con la determinación en valorizar al autor, al libro y el lector, preservando la calidad de los contenidos, sean cuales fueren los soportes – impresos o digitales. Transparencia en los criterios, manejo adecuado de los contenidos, generosidad, comprensión y osadía en relación a las nuevas plataformas de lo escrito, fuerte aparato de evaluación dictada por los contenidos certificados con reglas públicamente expuestas, estas debieran ser los criterios esenciales para el futuro del libro y del rescate del oficio del editor que se traduce en su fundamental relación con los autores. Sabemos que es una misión difícil en los tiempos en que vivimos, pero si queremos continuar ser universitarios, productores y divulgadores de libros útiles a la ciencia y la vida, ese es un desafío que no podemos dejar de enfrentar.

(Traducido del portugués al español por Simone Gil Mondavi, desde la universidad de Posadas Argentina).

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